LABERINTOS

Ilustración de (c)Daniel Camargo.
Ilustración de (c)Daniel Camargo.

—Lo dicho, estamos perdidos…

—No, qué va.

—¿Pues dónde estamos?

—En medio de un laberinto.

—¿Y eso no es estar perdidos?

—En este laberinto no.

—Pero ¿cómo saldremos?

—¿Quieres salir?

—¿Tú no?

—No. Me gusta estar aquí.

—Pues a mí no me hace gracia. ¿Sabes el camino de vuelta, o de salida, o el que sea?

—Sí, ahí está. Tira del hilo.

—¿Qué hilo?

—Ese.

—¿Dónde?

—¿No ves el árbol delante de tus narices?

—Eso es una raíz.

—Tú tira. Y coge lo que saques.

—Bien, pero… ¿qué es esto?, ¿un libro?

—Ahí tienes la salida.

—¡Pero seguimos perdidos!

—¿De la vida? De la vida no podemos perdernos.

—¡Yo quiero seguir viviendo la mía!

—Todas están ahí. Puedes elegir además de la tuya.

—Solo quiero la mía.

—Con qué poco te conformas entonces.

—No podría vivirlas todas.

—Eso será porque no quieras. Yo sí, y las tengo bajo este árbol. Él sí que es un laberinto. Mira arriba.

—Son hojas.

—De libros. Son perennes y seguirán saliendo más, nuevas vidas de papel.

—Pero no son reales.

—¿No? Las crean todos los días, ahora mismo, con un lápiz, con una pluma, con unos dedos tecleando, con pinceles que también les dan forma. Si imaginas, estás creando, y eso es vida.

—Lo siento, creo que eso no me ayuda a no sentirme perdido.

—Tal vez, pero ayuda a sentirse vivo. Abre el libro, lee, hazme caso.

 

©Mariola Díaz-Cano Arévalo

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